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Las radiaciones naturales

La Tierra es un inmenso campo magnético natural con dos polos, norte y sur. Ese magnetismo es imprescindible para la vida. Por ejemplo, las aves dependen de él para realizar sus movimientos migratorios. Sin embargo, no es un fenómeno uniforme y regular, sino que ha ido modificándose con el paso del tiempo.

El campo magnético terrestre también experimenta variaciones locales. Eso significa que el suelo que pisamos (donde vivimos, donde trabajamos) está sometido a cambios magnéticos. A lo largo del día, el funcionamiento bioelectromagnético de nuestro organismo se ve obligado a adaptarse continuamente a esos cambios geomagnéticos que se registran en cada uno de los lugares donde estamos.

Un análisis geomagnético puede detectar las variaciones magnéticas en un lugar concreto de la superficie terrestre. Para ello, se emplean geomagnetómetros. La densidad de flujo magnético de un lugar se mide en nT (nanoteslas). El campo magnético terrestre se sitúa en la Península Ibérica entre los 32.000 y los 45.000 nT aproximadamente, pero las variaciones locales pueden alterar esta medición incluso por encima de los 20.000 nT. Si en un lugar concreto (un dormitorio, un lugar de trabajo) se registran fuertes variaciones, podemos considerar esa zona como nociva para la salud.

Además de los cambios magnéticos en la superficie terrestre, también pueden darse variaciones eléctricas o radiactivas. Hay distintos factores de origen natural que influyen en todos estos cambios.

¿Qué factores producen variaciones locales en el campo magnético natural de la Tierra?

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  • Las alteraciones geofísicas del subsuelo: fallas, corrientes de agua subterránea, áreas de contacto entre diferentes tipos de materiales, yacimientos metalíferos, etc.

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  • La radiactividad ambiental, fundamentalmente la radiación gamma, procedente de determinados tipos de rocas del subsuelo, como granitos y basaltos.
   

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  • Las redes geomagnéticas naturales, como la red de Hartmann o la red de Curry, que conforman cuadrículas globales de líneas de fuerza magnéticas y que producen alteraciones electromagnéticas locales en la superficie terrestre.
   
  • El gas radón, un elemento radiactivo que liberan determinadas rocas y algunos materiales de construcción y que aflora a la superficie, suponiendo un riesgo por inhalación.
 

 

Cuando en una zona concreta se registra una variación excesiva en las radiaciones naturales por la presencia de alguno o varios de estos factores, decimos que esa zona es geopatógena (de geos, tierra, y pathos, enfermedad); es decir, que produce o puede producir enfermedades. Este carácter nocivo para la salud puede agravarse, además, por la presencia de radiaciones artificiales, que saturan cada día más nuestro entorno.

Si este tipo de fenómenos se registra en los lugares en los que pasamos más horas al día, como la cama o nuestro puesto de trabajo, entonces el exceso de radiaciones interfiere con nuestros propios pulsos vitales. Nos obliga a un mayor esfuerzo de adaptación, con el consiguiente desgaste biológico, y tu salud puede verse seriamente alterada.

Si quieres leer artículos científicos sobre el efecto de las zonas geopatógenas en nuestra salud, haz clic aquí.

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