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Tu salud

De todos es conocido el dicho popular de “somos lo que comemos”. Lo mismo podemos decir del lugar donde vivimos. Según sea nuestro entorno, así funcionará nuestro organismo y así se reflejará en nuestro estado de salud.

El estar expuesto a intensas radiaciones naturales o artificiales, o a variaciones continuas en los campos electromagnéticos que nos rodean, somete a nuestro organismo a continuas interferencias en su funcionamiento bioelectromagnético. Eso obliga a todos nuestros órganos a afrontar un estado de adaptación permanente para poder seguir funcionando. Cuando esto ocurre durante largo tiempo, nuestros sistemas vitales se desgastan por estrés biológico.

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Esto es especialmente grave si hablamos de zonas de alta permanencia, como nuestra cama o nuestro lugar de trabajo. Allí pasamos muchas horas ininterrumpidas, día tras día, año tras año. Nuestro cuerpo va almacenando los efectos acumulativos de las radiaciones naturales y artificiales, y poco a poco van surgiendo los problemas de salud.

  • Las radiaciones ionizantes (rayos ultravioleta V, rayos X, radiación gamma) inciden directamente sobre los átomos de las moléculas robándoles electrones; es decir, que rompen la estructura del ADN. Dañan físicamente las células de los tejidos vivos. Las consecuencias son envejecimiento, tumores, malformaciones en el proceso reproductivo.
  • Las radiaciones no ionizantes (extremada baja frecuencia, radiofrecuencias, microondas, infrarrojos, luz visible, rayos ultravioleta A y B) pueden afectar, entre otras cosas, a la glándula pineal, responsable de los ritmos vitales y los ciclos del sueño. Las alteraciones en el sueño terminan dañando los sistemas de reparación celular e inmunológicos. Las radiaciones no ionizantes también afectan al equilibrio eléctrico entre el interior y el exterior de la célula, permeabilizan la barrera hematoencefálica y dificultan la comunicación intercelular.

¿Cómo se traduce todo esto? Al principio se trata de síntomas a los que no damos importancia:

  • Problemas para dormir. En niños, posturas forzadas para evitar determinadas zonas de la cama; episodios de sonambulismo.
  • Dolores de cabeza.
  • Dificultad para concentrarnos.
  • Estrés
  • Estados nerviosos o depresivos sin motivo aparente.
  • Dolores musculares o articulares
  • Malestares recurrentes que no remiten con tratamiento, o que reaparecen cada cierto tiempo, y a los que el médico no logra encontrar explicación.

Después, dependiendo del tiempo de exposición y de la intensidad de la radiación, pueden ir apareciendo otros efectos:

  • Esterilidad.
  • Calentamiento de tejidos, que produce cambios en la orientación espacial de las moléculas de tejidos en órganos como el cristalino, el humor vítreo del ojo, los órganos parenquimatosos; en glándulas como el hígado, páncreas, ganglios linfáticos, gónadas; y en órganos huecos como el estómago, la vejiga y la vesícula biliar.
  • Dilatación en los poros de la barrera hematoencefálica, haciéndola más permeable y favoreciendo la aparición de tumores cerebrales, alzheimer, pérdida de memoria, alteración de los procesos del sueño y vigilia que desemboca en depresión o cansancio crónico.
  • Enfermedades crónicas, autoinmunes y degenerativas. Cáncer, leucemia.
  • En el caso de uso sostenido y frecuente de teléfonos móviles, tumores en el nervio auditivo y en las glándulas salivares.

Para ver estudios científicos sobre los efectos de las radiaciones naturales en la salud, haz clic aquí.

Para ver estudios científicos sobre los efectos de las radiaciones artificiales en la salud, haga clic aqui.

Para ver estudios científicos sobre los efectos que tiene en nuestra salud el uso regular del teléfono móvil, haga clic aquí.

Los grupos de población más vulnerables a los efectos de las radiaciones
  • Los niños: están en pleno desarrollo y sus tejidos cerebrales y sistemas vitales, aún inmaduros, pueden verse más fácilmente afectados.
  • Las mujeres embarazadas: durante la gestación hay que evitar al máximo cualquier riesgo de salud.
  • Las personas mayores: sus mecanismos de defensa sufren el desgaste de la edad.
  • Los enfermos: su capacidad adaptativa y sus defensas pueden no estar en óptimas condiciones.
  • Los profesionales expuestos en su trabajo a intensas radiaciones: personas que trabajan con arcos detectores de seguridad, radares, telecomunicaciones, equipos de radiolocalización, etc.
¿Cómo puedes evitar que tu salud se resienta?
  • Mantén una distancia de seguridad ante las fuentes de radiaciones más habituales, como los electrodomésticos. Haz clic aquí.
  • Aprende diez sencillas reglas de higiene geoambiental para limitar tu exposición a las radiaciones de tu entorno. Haz clic aquí.
  • Por estar su uso tan extendido, merece la pena recordar específicamente el riesgo que suponen los teléfonos móviles. Limita su uso y evita que lo utilicen los niños. Haz clic aquí.

Ten siempre presente el principio de precaución: ante la duda, extrema las medidas de seguridad.

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